David Copperfield
David Copperfield –Un hombre podrÃa vivir muy bien aquÃ, señor Copperfield –señaló Markham, aludiendo claramente a sà mismo.
–La casa no está mal situada –dije yo–, y las habitaciones son verdaderamente espaciosas.
–Espero que los dos vengáis muertos de hambre –exclamó Steerforth.
–¡Puedes estar seguro! –contestó Markham–. Es como si la ciudad le abriera a un hombre el apetito. Un hombre está hambriento desde que se levanta hasta que se acuesta, y no deja de comer en todo el dÃa.