David Copperfield
David Copperfield –¡A la salud de Steerforth! ¡Que Dios le bendiga! ¡Viva!
Vaciamos tres veces los vasos, y una cuarta vez… y una última, bien lleno, para finalizar. Rompà mi vaso al dar la vuelta a la mesa para estrecharle la mano, y grité (en dos palabras): «¡Steerforthereselfaroqueguiamiexist encia!».
De pronto me di cuenta de que alguien estaba cantando. Era Markham, que entonaba la canción: «Cuando el corazón de un hombre se siente consumido por la inquietud».[47] Cuando dio por concluidos sus cánticos, propuso brindar «¡por las mujeres!» Pero a mà no me pareció respetuoso, y dije que no permitirÃa esa clase de brindis en mi casa, a menos que fuera «¡por las damas!». Fui bastante duro con Markham, sobre todo porque tuve la impresión de que Steerforth y Grainger se reÃan de mÃ… o de él… o de los dos. Markham exclamó que uno no podÃa tolerar que le dieran órdenes. Yo le llevé la contraria. Él respondió que uno no podÃa permitir que le insultaran. Le di la razón en eso… y agregué que jamás se insultarÃa a nadie bajo mi techo, donde los Lares eran sagrados y reinaban las leyes de la hospitalidad. Él afirmó que uno podÃa reconocer que yo era un gran muchacho sin menoscabo de su dignidad. Inmediatamente, propuse brindar a su salud.