David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Solíamos pasear horas y horas, como dos enamorados, por el viejo arenal de Yarmouth. Y los días transcurrían alegremente, como si el Tiempo tampoco hubiera envejecido y jugara siempre como un niño. Le decía a Emily que la adoraba y que si ella no me correspondía, me vería obligado a morir clavándome una espada. Ella me respondía que sí, y sé que no mentía.

No nos preocupaban las desigualdades sociales, ni nuestra juventud, ni ningún otro obstáculo, pues el futuro no existía para nosotros. Nos importaba tan poco lo que fuéramos a hacer después, como lo que habíamos hecho antes. Despertábamos la admiración de la señora Gummidge y de Peggotty, que, cuando nos veían por las noches sentados amorosamente en nuestro pequeño cajón, cuchicheaban entre sí: «¡Dios mío! ¿Acaso no es hermoso?». El señor Peggotty nos sonreía detrás de su pipa, mientras Ham se pasaba toda la velada con una expresión burlona en el rostro. Supongo que experimentaban con nosotros un placer muy similar al que hubiera podido depararles un bonito juguete o una reproducción en miniatura del Coliseo.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker