David Copperfield
David Copperfield Al abrirlo, hallé una nota muy cariñosa, que no hacía la menor alusión al estado en que me había encontrado la noche del teatro. Se limitaba a decir lo siguiente:
Mi querido Trotwood:
Estoy en casa del apoderado de papá, el señor Waterbrook, en Ely Place, Holborn. ¿Podrías venir a verme hoy? Te esperaré a la hora que desees.
Afectuosamente
AGNES
Tardé tanto tiempo en redactar una respuesta que me convenciera que el mensajero debió de pensar que estaba aprendiendo a escribir. Creo que empecé por lo menos media docena de borradores. El primero comenzaba así: «¿Cómo puedo esperar, querida Agnes, borrar de tu memoria la impresión de repugnancia…?», pero decidí que no me agradaba y lo rompí. Empecé otro de este modo: «Shakespeare ha señalado, mi querida Agnes, cuán extraño es que un hombre se introduzca un enemigo en la boca…»[48] lo que me recordó a Markham y me impidió seguir. Incluso ensayé la poesía, y garabateé un primer verso de cinco sílabas: «Oh, no recordéis…», que me pareció absurdo. Después de varias tentativas, escribí:
Mi querida Agnes: