David Copperfield
David Copperfield –Pero a mà me afecta más –aseguró la anciana.
Era un dÃa muy frÃo, con intensas y aceradas ráfagas de viento. A mà me parecÃa que el rincón que la señora Gummidge solÃa ocupar junto a la lumbre era el mejor y más abrigado, y que su silla era sin duda la más cómoda, pero aquel dÃa nada le parecÃa bien. Se quejaba constantemente del frÃo, asà como del dolor de espalda que éste le ocasionaba, y que denominaba «hormigueo». Finalmente, se deshizo en lágrimas por ese motivo, y volvió a decir que era «una pobre criatura, sola y desamparada» y que todo se ponÃa en contra suya.
–Es cierto que hace mucho frÃo –afirmó Peggotty–. A nadie puede pasarle desapercibido.
–Pero a mà me afecta más que a los demás –añadió la señora Gummidge.
Y siguió asà durante la cena; en ella la anciana se servÃa inmediatamente después de mÃ, que siempre lo hacÃa en primer lugar como si fuera un invitado muy distinguido. El pescado era pequeño y con muchas espinas, y las patatas estaban algo quemadas. Todos reconocimos estar un poco decepcionados; pero la señora Gummidge aseguró sentirlo más que nadie, y empezó a llorar de nuevo, mientras repetÃa sus palabras con gran amargura.