David Copperfield
David Copperfield Creo que tuve la idea enloquecida de sacar el atizador candente de la chimenea y clavárselo. Sentí una fuerte conmoción, como un balazo disparado por un rifle; pero la imagen de Agnes, a quien aquel animal pelirrojo ultrajaba sólo con pensar en ella, continuó presente en mi memoria cuando le vi contorsionándose, como si su alma ruin le retorciera el cuerpo; y tuve sensación de vértigo. Uriah pareció hincharse y crecer ante mis ojos; el eco de su voz retumbó en la estancia; y se apoderó de mí el extraño sentimiento (que quizá todos hemos experimentado) de que aquello había sucedido antes, en un tiempo indeterminado, y de que sabía previamente lo que iba a decir a continuación.
Fue el ver reflejada en su rostro la conciencia que él tenía de su poder lo que me ayudó a recordar con toda intensidad, mucho más que cualquier esfuerzo que yo hubiera podido realizar, las súplicas de Agnes. Y le pregunté, con mucha más serenidad de la que habría creído posible unos minutos antes, si había hecho partícipe de sus sentimientos a Agnes.