David Copperfield
David Copperfield Nunca olvidaré aquella noche. Nunca olvidaré las vueltas que di en la cama sin poder dormir, mientras pensaba en Agnes y en aquella criatura, preguntándome qué podía y qué debía hacer; y cómo llegué a la conclusión de que, para la tranquilidad de Agnes, lo más aconsejable era no hacer nada y guardarme para mí lo que había oído. Cuando lograba conciliar el sueño por unos instantes, aparecía ante mí la imagen de Agnes con su dulce mirada, y la de su padre, contemplándola con adoración, como era habitual en él; y veía sus rostros suplicantes, que me llenaban de vagos temores. Cada vez que me despertaba, el recuerdo de que Uriah dormía en la habitación contigua me abrumaba, como si estuviera en una pesadilla; y sentía cómo el miedo me atenazaba, al igual que si mi huésped fuera una especie de demonio de segunda categoría.