David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«¡Oh, Cielos! La señorita Spenlow debe de pasear sola por aquí», pensé.

Nos dirigimos a la casa, alegremente iluminada, y entramos en un vestíbulo donde había toda clase de sombreros, gorras, sobretodos, mantas escocesas, guantes, látigos y bastones.

–¿Dónde está la señorita Dora? –preguntó el señor Spenlow al criado.

«¡Dora! –pensé–. ¡Qué hermoso nombre!»

Pasamos a una habitación contigua (creo que era la famosa salita donde el viejo escribiente había bebido el licor oscuro de las Indias Orientales) y oí una voz que decía:

–Señor Copperfield, le presento a mi hija Dora y a su dama de compañía.

No hay duda de que era la voz del señor Spenlow, pero yo no la reconocí, y además me resultaba indiferente. Todo había ocurrido en un instante. Mi destino se había cumplido. Era un cautivo y un esclavo. ¡Amaba a Dora Spenlow con locura!

Ella me pareció un ser sobrenatural. Un hada, una sílfide, no se qué… la encarnación de lo que nadie había visto y todo el mundo deseaba. En un abrir y cerrar de ojos me vi hundido en un abismo de amor. No pude detenerme en su borde; ni mirar hacia abajo, ni mirar atrás; caí de cabeza antes de poder decirle una sola palabra.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker