David Copperfield
David Copperfield –Lejos de eso –repitió–. No deseo revivir las viejas querellas, ni las viejas ofensas. Fui insultada por una persona (una mujer, y siento decirlo por el honor de mi sexo) de la que no puedo hablar sin desprecio ni aversión; por ese motivo, prefiero no mencionarla.
Aquella alusión a mi tÃa me indignó; pero le dije que, efectivamente, serÃa mejor que no la nombrara. Pues no habrÃa aguantado que le faltara al respeto en mi presencia, añadÃ, sin expresarle lo que pensaba.
La señorita Murdstone cerró los ojos e inclinó desdeñosamente la cabeza, antes de volverlos a abrir.
–David Copperfield –continuó–, no trataré de ocultar que en su niñez me formé una opinión muy desfavorable de su carácter. Es posible que me equivocara o que usted haya dejado de merecerla. No es algo que debamos discutir ahora. Soy miembro de una familia notable por su firmeza; no soy de las que cambian según la situación. Puedo tener mi opinión de usted, como usted puede tenerla de mÃ.
Incliné la cabeza, a mi vez.