David Copperfield
David Copperfield Asà transcurrieron los quince dÃas, sin más variaciones que las de las mareas, que alteraban las horas de ir y venir del señor Peggotty, del mismo modo que las ocupaciones de Ham. Cuando este último no estaba trabajando, a veces paseaba con nosotros para mostrarnos los botes y los barcos; y una o dos veces nos llevó a navegar. Desconozco por qué motivo ciertas impresiones sin importancia se asocian más a un lugar que a otro, aunque creo que eso le ocurre a la mayorÃa de la gente, sobre todo cuando recuerda su niñez. Yo no puedo oÃr o leer el nombre de Yarmouth sin que acuda a mi memoria cierta mañana de domingo en la playa: las campanas repicaban, la pequeña Emily se apoyaba en mi hombro, Ham tiraba perezosamente guijarros al mar, y el sol, en la lejanÃa, se abrÃa paso entre la espesa niebla, mostrándonos los barcos como si fueran tan sólo sombras de sà mismos.