David Copperfield
David Copperfield La voz misteriosa contestó afirmativamente de nuevo, y la muchacha volvió a decir que sí. Entonces entré y, siguiendo las indicaciones de la joven, subí las escaleras; al pasar por delante de una salita situada en la parte posterior, me di cuenta de que me seguían unos ojos misteriosos, que sin duda tenían el mismo origen que la misteriosa voz.