David Copperfield
David Copperfield –Da igual –prosiguió–. Comencé, gracias a su ayuda, a copiar escrituras. Pero no ganaba demasiado, asà que empecé a preparar alegatos, redactar informes y tareas asÃ. Porque soy un tipo muy voluntarioso, Copperfield, y he aprendido a hacer estas cosas con maestrÃa. Pues bien, fue entonces cuando se me metió en la cabeza estudiar derecho; y asà terminaron de desaparecer mis cincuenta libras. Yawler me recomendó a uno o dos bufetes más (el del señor Waterbrook era uno de ellos) y me encargaron bastantes asuntos. Tuve la suerte, asimismo, de conocer a una especie de editor que estaba preparando una enciclopedia, y que me contrató de ayudante; y lo cierto es que en estos momentos estoy trabajando para él –afirmó, echando una ojeada a su mesa–. No soy un mal compilador, Copperfield, pero carezco por completo de imaginación. Supongo que nunca ha existido un joven menos original que yo.
Como Traddles parecÃa esperar que yo mostrara mi acuerdo con él, asentà con la cabeza; y él prosiguió con la misma paciente vivacidad (no se me ocurre una expresión mejor para definirla) que antes.