David Copperfield
David Copperfield –Nada de particular –respondió él–. Vivà con ellos, esperando el momento de ser arrojado al mundo, hasta que, desgraciadamente, a mi tÃo se le subió la gota al estómago y murió; entonces ella se casó con un hombre joven, y yo me quedé en la calle.
–¿Y no heredaste nada, Traddles?
–¡Oh, sÃ! –contestó mi amigo–. Recibà cincuenta libras. Como no habÃa aprendido ninguna profesión, al principio no sabÃa a qué dedicarme. Sin embargo, empecé a trabajar con el padre de un viejo compañero de Salem House… Yawler, el de la nariz torcida, ¿te acuerdas de aquel muchacho?
No. No habÃa coincidido con él; en mi época, todas las narices eran rectas.