David Copperfield
David Copperfield –¡Micawber! –dijo su esposa, llorando–. ¿Acaso merezco esto? ¡Yo, que nunca te he abandonado ni te abandonaré jamás, Micawber!
–Mi amor –repuso el señor Micawber, muy conmovido–, espero que perdones, y estoy seguro de que nuestro viejo y fiel amigo Copperfield también lo hará, la amargura momentánea de un alma herida, más sensible de lo habitual por culpa de una reciente colisión con un sicofante del Poder (en otras palabras, con un desvergonzado fontanero de la CompañÃa de Aguas), y compadezcas sus excesos, en lugar de condenarlos.
El señor Micawber se apresuró entonces a besar a su mujer y me dio un apretón de manos; dándome a entender, con esta accidentada alusión, que le habÃan cortado el suministro de agua por no pagar la factura.