David Copperfield
David Copperfield –No –repuso él–. Para ésa no. Es la primera vez que la menciona. He pensado que seguramente me hablarÃa de ella en el camino de vuelta a casa. La mÃa es otra.
–Espero que no te meta en un lÃo –señalé.
–Espero que no –contestó–. No, no lo creo… el otro dÃa me dijo que ya estaba cubierta. Ésa fue la expresión del señor Micawber: «Cubierta».
El señor Micawber nos miró en ese instante, y sólo tuve tiempo de repetir mi advertencia. Traddles me dio las gracias y bajó. Pero, cuando lo vi alejarse, tan amable, con la cofia en la mano y dándole el brazo a la señora Micawber, tuve la certeza de que se dejarÃa llevar al Mercado de Valores sin ofrecer la menor resistencia.
Volvà junto a la chimenea; estaba recordando, medio en serio medio en broma, el carácter del señor Micawber y nuestras antiguas relaciones cuando oà que alguien subÃa las escaleras con paso rápido. Al principio, pensé que serÃa Traddles, que regresaba en busca de algo que la señora Micawber habÃa olvidado; pero, a medida que las pisadas se acercaban, mi corazón empezó a latir más fuerte y la sangre afluyó a mis mejillas, pues comprendà que se trataba de Steerforth.