David Copperfield
David Copperfield –Te diré algo, Steerforth –exclamé–, si es que tu espÃritu valeroso puede escucharme…
–Lo cierto es que tiene fuerza suficiente para hacer lo que desees –contestó, abandonando la mesa y regresando junto al fuego.
–Creo que voy a ir a ver a mi vieja niñera, Steerforth. Sé que no puedo hacerle mucho bien, ni servirle de ayuda; pero me quiere tanto que mi visita tendrá el mismo efecto que si fuera capaz de ambas cosas. Lo apreciará de tal modo que será un consuelo y un descanso para ella. Es lo menos que puedo hacer por una amiga tan fiel. ¿No irÃas y vendrÃas en el mismo dÃa si estuvieras en mi lugar?
Su rostro adquirió una expresión pensativa.
–SÃ, será mejor que vayas. No puedes hacer ningún daño –dijo en voz baja, después de meditar un momento su respuesta.
–Como acabas de regresar –señalé–, supongo que será inútil pedirte que me acompañes.
–Asà es –repuso–. Salgo para Highgate esta misma noche. Hace mucho tiempo que no veo a mi madre, y me remuerde la conciencia; es algo grande ser amado como ella ama a su hijo pródigo… ¡Bah! ¡TonterÃas! Imagino que piensas ir mañana, ¿no? –prosiguió, con una mano en cada uno de mis hombros.
–SÃ, eso creo.