David Copperfield
David Copperfield Al día siguiente, le dije al señor Spenlow que necesitaba ausentarme por unos días; y, como el implacable Jorkins no podía oponerse, ya que no recibía el menor salario, me concedió permiso sin la menor dificultad. Aproveché la oportunidad para expresar mi deseo de que la señorita Spenlow estuviera bien, aunque se me nublaba la vista y apenas me salían las palabras; y el señor Spenlow me lo agradeció, con la misma indiferencia que si estuviera hablando de una persona cualquiera, y me contestó que su hija se encontraba bien.