David Copperfield
David Copperfield –Es para volverse loca –dijo mi madre–. ¡Y en mi luna de miel! Cuando incluso el peor de los enemigos respetarÃa mi paz y mi felicidad. ¡Eres malo, Davy! ¡Y tú una desagradecida, Peggotty! ¡Dios mÃo! –exclamó irritada, dirigiéndose unas veces a Peggotty y otras a mÖ. ¡Qué complicada es la vida! Ahora que yo esperaba que todo fuera tan bien…
Sentà el contacto de una mano que no era ni de Peggotty ni de mi madre, y me deslicé fuera de la cama. Era la mano del señor Murdstone, que sujetó mi brazo mientras decÃa:
–¿Qué sucede? Clara, amor mÃo, ¿has olvidado lo que hablamos? ¡Firmeza, querida!
–Lo siento mucho, Edward –se disculpó mi madre–. QuerÃa hacer las cosas bien, pero estoy tan disgustada…
–¿De veras? –exclamó el señor Murdstone–. No me agrada oÃrte decir eso tan pronto.
–Me refiero a que es muy duro verme contrariada asà en estos momentos –dijo mi madre, haciendo un mohÃn–. Es… muy duro, ¿no te parece?