David Copperfield
David Copperfield Llegó un tiempo, y además muy pronto, en el que casi me sorprendió que nada hubiera turbado su reposo mientras yo lo contemplaba. Pero dormía (déjenme que lo recuerde así) como le había visto hacerlo tantas veces en el internado; y de ese modo lo dejé, en aquella hora silenciosa.
Y nunca más, ¡que el Señor te perdone, Steerforth!, volví a tocar con amor y amistad aquella mano inmóvil. ¡Nunca, nunca más!