David Copperfield
David Copperfield Traían la noticia de que el señor Barkis estaba «todo lo mal que podía estar»; que se hallaba inconsciente; y que el señor Chillip les había dicho muy apesadumbrado en la cocina, justo antes de marcharse, que ni el Colegio de Médicos, ni el Colegio de Cirujanos, ni la Escuela de Farmacéuticos podrían ayudarle, aunque fueran consultados a la vez. Los colegios no tenían nada que hacer y la escuela sólo podía envenenarle.
Al oír aquellas palabras y enterarme de que el señor Peggotty se encontraba en ella, decidí ir inmediatamente a la casa. Di las buenas noches al señor Omer, y al señor y a la señora Joram, y me dirigí al hogar de mi vieja niñera, con una solemnidad que convertía al señor Barkis en un hombre nuevo y muy diferente del que conocía.
Llamé suavemente a la puerta y me abrió el señor Peggotty. Su sorpresa fue menor de lo que yo había esperado. Tuve la misma impresión al saludar a Peggotty, cuando ésta bajó las escaleras. Y es algo que he experimentado después en otras ocasiones; creo que, cuando se espera esa terrible sorpresa que es la muerte, cualquier otro cambio o sorpresa carecen de importancia.
Estreché la mano del señor Peggotty y entré en la cocina, mientras él cerraba cuidadosamente la puerta. La pequeña Emily estaba sentada junto al fuego, tapándose el rostro con las manos; Ham se hallaba en pie, a su lado.