David Copperfield
David Copperfield Tuve mucho tiempo para pensar, al calor de la lumbre, en el miedo que inspiraba la muerte a la pequeña y hermosa Emily, y que parecía explicar, unido a lo que el señor Omer me había contado, el cambio que se había operado en ella. Y, antes de que Peggotty bajara, pude juzgar esa debilidad con más indulgencia, mientras oía el tictac del reloj y sentía crecer a mi alrededor un sobrecogedor silencio. Peggotty me estrechó en sus brazos y me bendijo, agradeciéndome una y otra vez ser un consuelo tan grande para ella (éstas fueron sus palabras). Después me pidió que la acompañara arriba, diciendo entre sollozos que el señor Barkis siempre me había querido y admirado mucho; que había hablado a menudo de mí, antes de perder el conocimiento; y que estaba convencida de que, si volvía a recobrarlo, se alegraría muchísimo de verme, si es que todavía había algo en este mundo que pudiera alegrarlo.