David Copperfield
David Copperfield –No –contestó el señor Peggotty, riéndose–, nadie lo dirÃa al verme, aunque, pensándolo bien, ¡me tiene sin cuidado! Les diré una cosa: cuando voy a dar una vuelta por esa casa tan bonita de nuestra Emily, siento… siento algo muy extraño –exclamó con vehemencia–. No es fácil de explicar… es como si hasta los objetos más pequeños fueran ella. Los cojo, los vuelvo a dejar en su sitio, y los toco con la misma delicadeza que si se tratara de nuestra Emily. Lo mismo me ocurre con sus pequeñas cofias y con todo lo demás. No podrÃa soportar que maltrataran ninguna de sus pertenencias… por nada del mundo. Soy un chiquillo, sÃ, con el aspecto de un enorme erizo de mar –concluyó, estallando en carcajadas.
Peggotty y yo nos echamos a reÃr, aunque menos ruidosamente.