David Copperfield
David Copperfield –Desde hace algún tiempo –respondió Ham–, ha merodeado por los alrededores, a las horas más intempestivas, un criado. Y también un caballero. Los dos están relacionados entre sÃ.
El señor Peggotty seguÃa inmóvil, pero ahora con la vista fija en su sobrino.
–Ayer por la noche –prosiguió el joven–, vieron a ese criado… con nuestra pobre niña. Ha estado escondido por aquà durante toda la semana, o incluso más tiempo. CreÃamos que se habÃa ido, pero seguÃa escondido. ¡No se quede aquÃ, señorito Davy! ¡Salga un momento!
Sentà el brazo de Peggotty alrededor de mi cuello, pero hubiese sido incapaz de moverme, aunque la casa hubiera estado a punto de derrumbarse encima de mÃ.
–Esta mañana, un poco antes del amanecer, habÃa un carruaje y unos caballos desconocidos en la carretera de Norwich –continuó Ham–. El criado se acercó al vehÃculo, volvió a alejarse y más tarde regresó de nuevo. Esta última vez, Emily iba junto a él. El otro individuo estaba dentro. Él es el hombre.
–Por el amor de Dios, Ham –exclamó el señor Peggotty, echándose hacia atrás y adelantando la mano, como si quisiera apartar asà lo que tanto temÃa–. ¡No me digas que se trata de Steerforth!