David Copperfield
David Copperfield Después de la cena, mientras estábamos sentados junto a la chimenea y yo soñaba en reunirme con Peggotty, sin atreverme a escapar de allí por no contrariar al dueño de la casa, un coche se detuvo en la entrada del jardín, y el señor Murdstone salió a recibir al visitante. Mi madre fue tras él. De pronto, al llegar a la puerta de la sala, en medio de la penumbra, ella se volvió hacia mí –yo la seguía tímidamente– y, cogiéndome en sus brazos como hacía antes, me dijo entre susurros que tenía que querer a mi nuevo padre y obedecerle. Hizo esto con mucha ternura, aunque sigilosa y apresuradamente, como si cometiera un delito. Me dio entonces la mano por detrás de la espalda y retuvo la mía hasta que nos acercamos al lugar del jardín donde estaba el señor Murdstone; allí soltó mi mano y cogió su brazo.