David Copperfield
David Copperfield –¡Ay! ¡Muchacho, muchacho! En nombre de la ciega mala suerte –exclamó la señorita Mowcher, retorciéndose las manos con impaciencia, mientras se balanceaba de nuevo en la rejilla–, ¿por qué motivo la elogió tanto, se sonrojó y pareció turbado?
No pude ocultarme a mà mismo que sus palabras eran ciertas, aunque mis razones hubieran sido muy diferentes.