David Copperfield
David Copperfield –¡Qué bien ha elegido usted al hombre que debÃa proteger y traer aquÃ! ¡Es usted un amigo leal!
–Señorita Dartle –respondÖ, no creo que sea tan injusta como para condenarme.
–¿Por qué ha venido a sembrar la discordia entre esas dos criaturas insensatas? –contestó ella–. ¿Acaso no ve que los dos están locos de obstinación y de orgullo?
–¿Y es obra mÃa? –pregunté.
–¡Es obra suya! –exclamó–. ¿Por qué ha traÃdo aquà a este individuo?
–Se trata de un hombre profundamente herido, señorita Dartle –repuse–. Es posible que usted no lo sepa.
–Lo único que sé es que James Steerforth –dijo con la mano en el corazón, como si quisiera acallar la tormenta que se habÃa desatado en su interior– tiene un corazón falso y depravado, y es un traidor. Pero ¿qué necesidad tengo de saber algo o de preocuparme por este hombre y su vulgar sobrina?
–Señorita Dartle –respondÖ, ¿por qué hace aún más profunda la herida? ¿Acaso no le parece ya suficiente? Me limitaré a decirle, como despedida, que es usted muy injusta con él.
–No es cierto –replicó ella–. Es gente ruin y despreciable. ¡Me gustarÃa que azotaran a esa muchacha!