David Copperfield
David Copperfield Me ocupé personalmente de los trámites de Peggotty, con no poco orgullo; validé el testamento, negocié los derechos de sucesión, la acompañé al banco y no tardé en solucionarlo todo. Para alejarnos un poco de estas cuestiones legales, fuimos a ver las sudorosas imágenes de cera de Fleet Street[68] (que probablemente se habrán derretido en los últimos veinte años); visitamos la exposición de la señora Linwood,[69] que recuerdo como un mausoleo de los bordados, un lugar muy apropiado para hacer examen de conciencia y arrepentirse; recorrimos la Torre de Londres; y subimos a la parte más alta de la catedral de Saint Paul. Tales maravillas proporcionaron a Peggotty toda la alegrÃa posible, dadas las tristes circunstancias; si exceptuamos la catedral de Saint Paul, que, debido al cariño que sentÃa por el viejo costurero, le pareció rivalizar con la imagen de su tapa, aunque, en su opinión, algunos detalles de esta última salieran perdiendo al compararla con aquella obra de arte.