David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Una vez arreglados los asuntos de Peggotty, que en los Commons se consideraban «rutinarios» (además de especialmente fáciles y lucrativos), la llevé una mañana a nuestras oficinas para que abonase los honorarios. El señor Spenlow había salido, según dijo el viejo Tiffey, con un hombre que debía prestar juramento para obtener una licencia de matrimonio; pero como yo sabía que regresaría pronto, pues nos hallábamos muy cerca de los despachos del vicario general y de su segundo, le pedí a Peggotty que esperase.

En los Commons nos parecíamos un poco a los empresarios de pompas fúnebres a la hora de validar un testamento, y solíamos adoptar una expresión más o menos compungida cuando debíamos tratar con clientes de luto. Con un sentimiento parecido de delicadeza, siempre nos mostrábamos alegres y felices con los clientes que iban a casarse. Por ese motivo, preferí insinuarle a Peggotty que encontraría al señor Spenlow muy recuperado de la muerte del señor Barkis; y lo cierto es que, cuando éste entró, parecía el mismísimo novio.

Pero ni Peggotty ni yo tuvimos ojos para él cuando lo vimos llegar en compañía del señor Murdstone. Había cambiado muy poco. Su cabello seguía siendo tan negro y abundante como siempre; y su mirada inspiraba tan poca confianza como en el pasado.

–¡Ah, Copperfield! –dijo el señor Spenlow–. Creo que conoce a este caballero, ¿no?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker