El Manuscrito de un loco
El Manuscrito de un loco Sabia que ninguna fuerza se podÃa igualar á la mÃa, y tenia razon aunque loco! Su lucha cesó: me arrodillé sobre su pecho, y lo asà fuertemente por el nervudo cuello. Su rostro se amorató, sus ojos parecian quererse saltar, y su saliente lengua parecÃa mofarse de mÃ: entonces apreté con mas fuerzas.
La puerta fué repentinamente abierta, y un tropel inmenso se introdujo en mi cuarto esclamando—asegurad al loco!
Mi secreta estaba descubierto, y por lo único que luchaba ahora era por la libertad. Recobré fuerzas antes que una mano fuera puesta sobre mi, y arrojándome sobre los que me acometÃan, y aclarando el paso con mi fuerte brazo, como sà llevara un hacha en mi mano abri camino entre ellos. Llegué á la puerta, y en un instante estuve en la calle. Corria con tal velocidad, que ninguno se atrevió á pararme; oÃa el ruido de sus pasos detras, y corrÃa con unas rapidez.