Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas A1 bajar encontré a Joe y a Orlick barriendo y sin otras huellas de lo sucedido que un corte en una de las aletas de la nariz de Orlick, lo cual no le adornaba ni contribuia a acentuar la expresión de su rostro. HabÃa llegado un jarro de cerveza de Los Tres Alegres Barqueros, y los dos se lo estaban bebiendo apaciblemente. El silencio tuvo una influencia sedante y filosófica sobre Joe, que me siguió el camino para decirme, como observación de despedida que pudiera serme útil:
— Ya lo ves, Pip. Después del escándalo, el silencio. Ésta es la vida.
Poco importa cuáles fueron las absurdas emociones (porque creo que los sentimientos que son muy serios en un hombre resultan cómicos en un niño) que sentà al ir otra vez a casa de la señorita Havisham. Ni tampoco importa el saber cuántas veces pasé por delante de la puerta antes de decidirme a llamar, o las que pensé en alejarme sin hacerlo, o si lo habrÃa hecho, de haberme pertenecido mi tiempo, regresando a mi casa.
Me abrió la puerta la señorita Sara Pocket. No Estella.
— ¡Caramba! ¿Tú aquà otra vez? — exclamó la señorita Pocket —. ¿Qué quieres?