Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas En sus palabras había tan maligno gozo y se echó a reír de un modo tan molesto, que yo no supe qué decir, pero me evitó la turbación que sentía despidiéndome. Cuando tras de mí, Sara, la de la cara de color de nuez, cerró la puerta, me sentí menos satisfecho de mi hogar y de mi oficio que en otra ocasión cualquiera. Esto es lo que gané con aquella visita.