Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas -Asà es. La señorita Havisham me hizo llamar para ver si podÃa aficionarse a mÃ, mas parece que no pudo… En fin, que no lo hizo.
A mà me pareció cortés observar que ello me sorprendÃa mucho.
- Dio pruebas de mal gusto - exclamó Herbert riéndose, - pero asà fue. SÃ, me hizo llamar para que le hiciese una visita de prueba, y me parece que si el resultado hubiese sido satisfactorio, habrÃa alcanzado algo; tal vez pudiera haber sido… - e hizo una pausa - eso… para Estella.
- ¿Qué es eso? - pregunté con repentina seriedad.
Él estaba poniendo la fruta en unos platos mientras hablábamos, y como su atención estaba dividida, ésta fue la causa de que no encontrase la palabra conveniente.
- Prometido - explicó ocupado aún con la fruta -. ¿No se llama as� ¿No es ésta la palabra?
- ¿Y cómo soportó usted su desencanto? - pregunté.
- ¡Bah! - me contestó -. No me importa mucho. Es una tártara.
- ¿La señorita Havisham?