Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Comprendí que esta observación me situaba en un terreno peligroso. Y con reserva, que no traté de disimular, contesté que había visto al señor Jaggers en casa de la señorita Havisham el mismo día de nuestra lucha, pero ya en ninguna otra ocasión, y que, según me figuraba, él no podía recordar haberme visto allí.
- Él fue tan amable como para proponer a mi padre ser profesor de usted y le visitó para hablarle de ello.
Desde luego, él conocía a mi padre por sus relaciones con la señorita Havisham. Mi padre es primo de esta última; eso no indica que existan entre ellos relaciones continuadas, porque él es mal cortesano e incapaz de adularla.
Herbert Pocket tenía modales francos y naturales, verdaderamente muy atractivos. Jamás vi a nadie, antes ni después, que en cada una de sus miradas y en su tono me expresara mejor su natural incapacidad de hacer nada secreto o bajo. En su aspecto general había algo extraordinariamente esperanzado y también algo que me daba a entender que jamás sería rico o lograría el éxito. Ignoro cómo era eso. Tan sólo sé que quedé convencido de ello antes de sentarnos a comer, aunque no puedo comprender gracias a qué medios.