Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades De pronto uno de los dependientes de Tellsone asomó la cabeza por la puerta y pronunció estas palabras con tono imperioso:
—Entrad, os llaman.
—¡Bien empieza el día, padre!
Después de esta felicitación, el pequeño Jerry ocupó el banquillo, hundió los pies en la paja y se entregó a sus reflexiones.
—¡Siempre con los dedos con esas manchas de óxido! —murmuraba entre dientes—. ¡Siempre… siempre! ¿Cómo se los mancha? ¿Dónde estará ese hierro oxidado? Aquí desde luego que no.