Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

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—Bien, bien —repuso el dependiente—; todos nos ganamos la vida de una u otra manera. Tomad la carta, salid y no os detengáis en ninguna parte.

Jerry cogió la carta y dijo para sí, con menos respeto de lo que demostraba su cara compungida: «Si yo tengo malo el pecho, tú estás seco como un palo».

Saludó al dependiente, le dijo a su hijo al pasar el sitio adonde iba y se dirigió a los juzgados.












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