Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Nada más. El señor Lorry desea tener una persona a mano, y este billete tiene por objeto advertirle que estáis a su disposición.
El empleado cerró cuidadosamente el billete, escribió el sobre, y en el momento en que ponía la oblea oyó las siguientes palabras:
—¿Es la vista de alguna causa por falsificación de escritura pública? —preguntaba Jerry.
—No, por crimen de alta traición.
—Es decir, ¿que descuartizarán al infeliz? —comentó Jerry—. ¡Qué barbaridad!
—Así lo dispone la ley —dijo el dependiente dirigiendo asombrado sus anteojos a Jerry.
—Es una ley cruel, señor; bastante duro es ya matar a un hombre sin que le despedacen los miembros —replicó Jerry.
—No, no es bastante —dijo el dependiente—, y os aconsejo, buen hombre, que tratéis la ley con más respeto. Sed parco en las palabras, reflexionad bien antes de hablar y, creedme, dejad a la justicia el cuidado de hacer lo que le corresponde y de hacerlo como cree justo y necesario. Sobrado tenéis con pensar en cuidaros del pecho, que no lo tenéis muy bueno.
—Es por la humedad, que me da en el pecho y me constipa. ¡Si supierais cómo se gana la vida un hombre honrado como yo! —dijo Jerry.