Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Trató de explicarme los motivos de la contienda y dijo que, en su opinión, Inglaterra estaba equivocada. Añadió en tono de broma que el nombre de George Washington serÃa tal vez algún dÃa tan célebre como el de Jorge III, pero repito que lo decÃa todo riendo, sin meditarlo y como si hubiese dicho la cosa más indiferente.
La expresión grabada en las facciones de un actor que despierta el mayor interés de su público se refleja en general en el rostro de los individuos que cautiva, sin que ellos mismos lo adviertan, y por lo tanto el juez, que con la cabeza inclinada iba escribiendo la contestación de la muchacha, encontró en la mayor parte de los asistentes la horrible ansiedad que se veÃa pintada en el rostro de aquella cuando levantó la cabeza con sorpresa al oÃr tan espantosa herejÃa sobre la gloria futura de George Washington.

Habiendo manifestado el fiscal al juez que convendrÃa interrogar al padre de la joven, aunque no fuera más que por mera fórmula, el doctor Manette fue llamado como testigo.
—Doctor Manette, ¿habÃais visto ya al acusado?
—Una vez, cuando vino a hacerme una visita. Desde entonces han pasado tres o cuatro años.