Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Reconocéis en él a vuestro compañero de viaje al venir a Inglaterra, y podéis decir qué es lo que habló entonces con vuestra hija?
—Me es completamente imposible contestaros.
—¿Tenéis alguna razón especial que os impida contestar a esta pregunta?
—SÃ, señor.
—¿Es cierto, señor Manette, que tuvisteis la desgracia de estar en la cárcel sin formación de causa en vuestro paÃs natal durante muchos años?
—¡Oh! SÃ, durante muchos años —respondió el testigo con una voz que conmovió todos los corazones.
—¿HacÃa poco tiempo que estabais libre cuando vinisteis a Inglaterra?
—Asà me lo han dicho.
—¿Conserváis algún recuerdo del viaje?
—Ninguno; habÃa en mi inteligencia un vacÃo completo desde la época (ni yo mismo sé cuál) en que empecé a hacer zapatos en la cárcel hasta el momento en que me hallé en Londres con mi hija. La presencia de esta querida hija mÃa habÃa llegado a serme familiar cuando Dios permitió en su infinita misericordia que recobrase la razón; pero no sé explicarme cómo me familiaricé con esta nueva forma de vida, ni tampoco puedo decir cómo llegué a reconocer a mi hija o más bien a cerciorarme de su cariño y de los cuidados que me prodigaba.