Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿TenÃan esos papeles la dimensión y la forma de estos?
—Lo ignoro.
—¿Qué decÃan aquellos señores?
—Tampoco lo sé. Estaban en el último escalón, cerca de la luz que habÃa en la entrada de la cámara, pero hablaban en voz baja, y por otra parte yo no les prestaba atención.
—¿Qué os dijo el acusado?
—Se mostró tan franco y amable conmigo como cariñoso y atento con mi padre. Dios sabe que no quisiera corresponder a sus bondades diciendo algo que pudiese perjudicarlo.
Zumbidos en la sala.
—Señorita Manette —repuso el juez—, si el acusado no ha comprendido ya que respondéis con extrema repugnancia a las preguntas que os hago, será seguramente el único de la sala en dudarlo. Dignaos continuar.
—Me contó que viajaba por negocios y que debÃa cumplir una misión tan espinosa que habÃa tenido que cambiar de nombre para no comprometer a su familia, y añadió que aquel negocio lo llevarÃa muy pronto otra vez a Francia y lo obligarÃa durante mucho tiempo a cruzar con frecuencia el Estrecho.
—¿No os habló de América? Precisad vuestra respuesta y recordad todas las palabras del acusado.