Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Era indudable que, a excepción de la indolencia que caracterizaba al sabio colega, su traje poco aseado y cierto aspecto de fatiga, por no decir de excesos, se advertía entre él y el acusado una semejanza muy pronunciada, y todo el mundo se sorprendió desde que fue requerida su atención sobre este punto. Se suplicó al juez que mandara al sabio colega que se quitara por un instante la peluca, una petición a la que condescendió el señor magistrado de mal humor, y la semejanza era notable. El juez preguntó al señor Stryver (el defensor del acusado) si tenía intención de poner en duda la lealtad del señor Carton (el sabio colega) y acusarlo de alta traición. El señor Stryver en absoluto abrigaba semejante intención y únicamente preguntó a los señores jurados si el hecho que acababa de exponerse ante el tribunal no podía haber tenido lugar en otra circunstancia, y alegó que, después de este incidente, el testigo se convencería de que era temerario reconocer en el acusado a una persona a quien solo vio de paso en una fonda. Resultó de este incidente que el testigo no supo qué contestar y se retiró avergonzado.