Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿No habéis visto nunca a nadie que se pareciese al acusado?
—Nunca, al menos a nadie que se le pareciese hasta el punto de dar lugar a una equivocación.
—Dignaos mirar a mi sabio colega —prosiguió el defensor señalando al abogado que le habÃa entregado el papel—. ¡Muy bien! Mirad ahora al acusado. ¿Qué respondéis? ¿No son completamente iguales?