Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Jerry! ¡Jerry! —gritó el señor Lorry, que estaba en la puerta.
—Aquà estoy, señor, aquà estoy. Tendré que servirme de mis puños para salir.
—Salid al momento —repuso el señor Lorry, entregándole un papel a través de la multitud—. No os detengáis en el camino.
—Bien, señor.
El papel que llevaba Jerry solo decÃa una palabra: «Absuelto».
—Si hubiera escrito de nuevo «resucitado» —murmuró Jerry—, esta vez lo habrÃa entendido perfectamente.
No tuvo tiempo para entregarse a sus reflexiones, porque se vio obligado a correr para que no le cerrara el paso la multitud. Esta se extendÃa ya por el patio y su zumbido salÃa a la calle, como si las moscas, viendo frustrada sus esperanzas, se lanzasen en busca de otro cadáver.