Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Recordaré toda mi vida el servicio que me habéis prestado —respondió el joven con entusiasmo.
—He hecho cuanto he podido, señor Darnay, y creo que mis esfuerzos valen tanto como los de cualquier otro abogado.
La galanterÃa exigÃa que alguno de los presentes añadiera:
—Mucho más.
El señor Lorry se encargó de añadir esta frase galante con la intención tal vez de recobrar el puesto que habÃa ocupado hasta entonces en el grupo.
—¿Lo creéis as� —preguntó el señor Stryver—. Mil gracias. Habéis asistido a los debates y debéis de entender en la materia, pues sois un hombre de negocios.
—Como tal —replicó el señor Lorry, a quien otro empujón del jurista habÃa vuelto a expulsar fuera del grupo— apelo al doctor para que concluya la conversación y disponga que nos retiremos. La señorita Lucie está muy pálida, el señor Darnay ha pasado un dÃa terrible y nosotros estamos rendidos.
—Hablad por vos —dijo el abogado— cuando se trata de descansar, porque yo trabajaré toda la noche.