Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Introducidos en un pequeño aposento, Charles recobró muy pronto las fuerzas con el auxilio de una buena cena amenizada con un vino excelente, en tanto que Sydney Carton, sentado frente a él, saboreaba su botella de oporto, con su caracterÃstico aire de indolencia.
—¿Empezáis a creer que aún estáis vivo? —preguntó al señor Darnay.
—Empiezo a comprenderlo, pero estoy tan confundido que ya no sé dónde me encuentro.
—Inmensa ha de ser vuestra satisfacción —repuso Carton con amargura y llenando el vaso—. ¿Creéis que mi único deseo consiste en olvidar si vivo o si no estoy ya en el mundo? A excepción del vino de Oporto, la tierra, donde soy completamente inútil, no me ofrece el menor aliciente. Sobre este punto estamos muy lejos de parecernos y, a decir verdad, estoy seguro de que nos parecemos muy poco en el aspecto moral. ¿Qué pensáis vos de lo que acabo de decir?
Turbado por las emociones del dÃa y creyendo estar soñando al ver enfrente su propia imagen dotada de un carácter tan diferente del suyo, a Charles Darnay se le hacÃa tan arduo contestar que resolvió guardar silencio.
—Ahora que habéis cenado —continuó Carton—, ¿por qué no brindáis?
—¿Por quién he de brindar?
—Tenéis el brindis en la punta de la lengua.