Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Difícil habría sido encontrar en toda la ciudad de Londres una casa mejor situada que la del doctor: no estaba en medio de ningún camino, y desde sus ventanas se veía una calle espaciosa, abierta al aire y al sol, y con un aspecto tranquilo que invitaba al recogimiento. Copudos árboles alzaban su follaje al otro lado de Oxford Road, en un recinto cubierto de césped y flores silvestres, donde hoy solo se ve un gran montón de ladrillos surcado por calles bulliciosas. Así pues, las brisas del campo circulaban en aquella época con desahogo por Soho Square en vez de penetrar lánguidamente como pobres que salen de la casa de caridad, y había en la vecindad numerosos jardines donde daba el sol de mediodía y maduraban los albérchigos en su estación.
El sol alumbraba radiante la casa del doctor toda la mañana, y la dejaba en la sombra a las horas de calor más intenso, pero nunca se alejaba tanto como para escatimar su resplandor. Era un refugio bendito, abrigado en invierno, fresco en verano, pacífico sin tristeza y prodigioso por sus ecos; un verdadero remanso al final de unas calles donde atronaban el ruido y el movimiento.