Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Aunque la hija del doctor había salido de Francia siendo muy niña, debía sin embargo a su país natal la facultad de hacer mucho con pocos recursos, facultad preciosa que es uno de los rasgos más útiles y apreciables de los franceses, en los cuales parece innata. Los muebles eran sencillos, pero estaban adornados con tanta gracia que, a pesar de su escaso valor, producían un bonito efecto, y la colocación de cada objeto, desde el más valioso hasta la más insignificante bagatela, la armonía de los colores, la elegante variedad y el ingenioso contraste elaborado por manos delicadas y ojos llenos de finura y penetración, así como el buen gusto, constituían un delicioso conjunto y recordaban de tal manera a su autora que parecía que las sillas y las mesas preguntaran al señor Lorry, con aquella expresión que tan gratamente resonaba en su oído:
—¿Os parece bien?
El invitado no se cansaba de mirar a un lado y a otro, y sonreía con beneplácito descubriendo en todas partes la mano hábil que había combinado todas aquellas naderías con tanta gracia y tan buen gusto.