Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Llegaron por fin a lo alto del cerro, los caballos tomaron aliento, y el guarda dejó su asiento para trabar el coche para la bajada y abrir la portezuela a los pasajeros para que subieran al carruaje.
—Joe, ¿qué ruido es ese? —dijo el cochero desde el pescante.
—¿Qué dices, Tom?
Los dos aguzaron el oÃdo.
—Es un caballo que sube la cuesta al trote, Joe.
—A galope, Tom —dijo el guarda, dejando de sujetar la portezuela y volviendo a su sitio—. Caballeros, en nombre del rey, reclamo vuestro auxilio.
Con esta improvisada súplica, amartilló el trabuco y se puso a la defensiva.
El viajero que forma parte de esta historia iba a entrar en el coche, adonde se disponÃan a seguirle sus dos compañeros, y se quedó con el pie en el estribo mientras los otros dos se paraban detrás de él en el camino. Los viajeros miraron al guarda y al cochero. Este volvió la cabeza, y el caballo de las negativas enderezó las orejas mirando de reojo con cierta inquietud.