Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Por lo que he podido llegar a comprender, y ya sabéis que mi comprensión es muy limitada —dijo el aya bajando la voz—, creo que el doctor tiene miedo de tocar ese punto.
—¿Por qué?
—Es muy natural. ¿Queréis que recuerde los padecimientos que le hicieron perder la razón para exponerse al peligro de turbar su inteligencia y tal vez de volverse loco otra vez? Por otra parte, es un recuerdo que nada tiene de agradable.
Esta reflexión era más profunda de lo que esperaba el señor Lorry de la tosca inteligencia del aya.
—Tenéis razón —dijo—, tenéis razón. Es terrible pensar en tales cosas. Sin embargo, dudo de que sea conveniente que el doctor se guarde para sà tan espantoso recuerdo, y la inquietud que me causa esta duda es la que me ha inducido a plantear esta entrevista secreta.