Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sin embargo, la temida multitud no aparecía y, aunque era verdad que acababa de entrar el señor Carton en la sala, todavía no había más que dos personas extrañas, un número muy distinto de los centenares anunciados.

La noche era tan bochornosa que, aunque tenían abiertas puertas y ventanas, el calor los sofocaba. Cuando acabaron de tomar el té, todos se acercaron a las ventanas y contemplaron la oscuridad, que por momentos se hacía más densa. Lucie estaba al lado de su padre; el señor Darnay, junto a ella, y el señor Carton, en la ventana contigua. El viento de la tormenta que entraba en la sala en furiosas bocanadas, seguidas de relámpagos vivísimos y lentos truenos, hinchaba las cortinas blancas, que flotaban como las alas diáfanas de una sombra seráfica.

—Las gotas son aún gruesas y escasas —dijo el doctor—. ¡Con qué lentitud llega esa tormenta!

—¡Y con qué furia tan concentrada! —añadió el señor Carton.

Y hablaban en voz baja como siempre hablan los que esperan, entre las sombras, la luz de los relámpagos.

Corría la gente en las calles buscando un refugio y, como el eco maravilloso multiplicaba el rumor de los pasos, se habría dicho, a pesar de que la calle estaba desierta, que una inmensa multitud pasaba por debajo de la ventana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker