Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —El rumor de la multitud llega hasta aquà y, no obstante, la soledad nos envuelve —dijo Charles escuchando los ecos.
—¿No os impresiona? —preguntó Lucie—. De mà puedo decir que cuando llega la noche y me siento junto a esta ventana… pero prefiero callarme, porque solo de pensarlo… me estremezco. ¡La noche está tan oscura… tan imponente!
—Continuad, señorita: os acompañaremos si os estremecéis —dijo el señor Darnay.
—Es muy posible que lo que voy a decir no os impresione —dijo Lucie—: las ideas fantásticas que cruzan por nuestra cabeza deben toda su influencia a nuestro propio carácter, y no puede comunicarse la conmoción que nos producen. Vais a comprobarlo luego: cuando llega la noche y me siento junto a esta ventana, me parece que el rumor de ese vaivén que me trae el eco son pasos de personas que se acercan entre las sombras para mezclarse en nuestra existencia.
—Si eso es cierto, muy considerable será la multitud que un dÃa habremos de encontrar en nuestro camino —dijo el señor Carton.